agosto 31, 2022

Muerte mata matando

 


Muerte mata matando.

Muerte danza danzando.

Muerte que te va llegando.

Muerte de guadañas y túnicas.

Muerte de cuervos y búhos.

Muerte de laberinto emparedado.

Muerte de seres amados.

 

Muerte mata matando.

Muerte danza danzando.

Muerte que va llegando.

Muerte de guadañas y túnicas.

Muerte del inframundo.

Muerte de oscuridad eterna.

Muerte que llega volando.

 

Muerte mata matando.

Muerte danza danzando.

Muerte que va llegando.

Muerte de guadañas y tumbas.

Muerte de nichos.

Muerte sin sentido.

Muerte de ádioses y olvidos.

 

Autora: R.Plata.

agosto 24, 2022

El duende (Relato Corto)


Allí olía raro, como si algo podrido se estuviera cocinando. Era tal el hedor que hasta costaba respirar. Mientras caminaba adentrándose en el bosque oscuro por la mente sólo se le pasaban aquellas historias que le contaban para que no te alejes de casa. Aquellas historias horribles de seres que se alimentaban de carne de niños pequeños, pero que seguro que después de todos aquellos años sin niños para comer, una jovencita sería bienvenida.

Necesitaba dejar la mente en blanco tenía que llegar hasta el primer claro del bosque antes de la medianoche. Su necesidad apremiante de conocer su destino le había llevado a embarcarse en aquella aventura.

Aquel dichoso bosque no iba ser un obstáculo para conseguir lo que quería.

Cuando se plantó en el centro del bosque la luna lo iluminaba tenuemente, del interior de uno de los árboles más viejos salió un duende. Le sonrió y le dijo:

- Hedoné, vienes hasta aquí para saber de tu destino. Pero tú ya sabes tu destino. Hace años tu madre vino y le dijimos todo sobre ti.

- Pero ella no me dijo nada.

- Claro que sí. ¿Qué crees que eran todas esas historias de seres horribles?

- Pues yo no he visto ninguno.

- Ni los veras, porque tu destino era que una vez que entraras en este bosque jamás salieras de el.


Autora: R. Plata.


agosto 17, 2022

Drinfa (Relato Corto)

 

Una vez mientras vigilaba para que el fuego no se apague vi a una mujer, pero no era del clan. Ni siquiera era de ningún lugar que estuviera cerca. No era hermosa, pero desprendía belleza y amor. Andaba tranquila como si de antemano supiera que yo jamás delataría su presencia.

Al día siguiente se lo conté a mi padre. Por supuesto que no me creyó. Además atribuyó aquella imagen a que me había quedado dormido. Por lo que me castigó volviendo a vigilar el fuego aquella noche.

La volví a ver andando tranquilamente, su rostro felino me miró y sentí una calma inusual. Me levanté para preguntar de donde había salido. Pero pareció desvanecerse.  Fue cuando me di cuenta de que no era una persona, sino una drinfa. Al aire agradecí su presencia protectora.

A los pocos días volví a verla, me di cuenta que sólo se apareció frente a mí. Me acerque despacio. Deseaba tocarla, aquel impulso era más fuerte que yo. Bajo mis huellas dactilares sentí el tacto de la madera pulida. Ella me tocó a mí, sorprendida desapareció como el humo.

Mi padre me creyó enfermo y llamó al curandera devota de la diosa Eir. Yo sé lo que vi y lo vi frente a mí. De este modo se lo dije a la joven y esta me creyó.  Lo malo es que también me dijo que la próxima vez que la viera le preguntará que desea de mí.

La siguiente vez que la vi seguí las indicaciones de la curandera y por esto me encuentro hoy aquí. Intento explicar lo más simple posible que una drinfa me mandó a rescatarte. Pero tú sigues hay sentado, pasmado sin más.

Levántate y vive que tu culo no se quede pegado a la silla, que tu vida no pase sin haberla vivido. Levántate y vive.

 

R. Plata.

agosto 10, 2022

Leprechaun (Relato Corto)

Cuando era pequeña me dedicaba a jugar todo el tiempo que podía en el jardín de mi casa. Mi casa era una pequeña vivienda que mi abuelo atesoraba por ser heredada de generación en generación. 

Mi abuelo era uno de esos hombres que nunca habían tenido infancia y por ello se pasaba las horas muertas jugando conmigo. Nuestros juegos favoritos eran buscar tréboles de cuatro hojas y poner trampas a los duendes. Siempre recolectábamos tres o cuatro tréboles que secábamos dentro de los libros que tenía mi abuelo en las estanterías. Mi abuelo se había entretenido en fabricar una caja metálica con una pequeña tapa trampa donde colocaba su única moneda de oro. 

Además cuando llovía siempre estábamos ojo avizor para encontrar los arcoíris y correr tras ellos. Recuerdo las risas y la alegría que me embargaba entonces.

Un día que mi abuelo salió a comprar, escuche el sonido metálico de como la moneda caía dentro de nuestra trampa de metal. Me asuste al principio, pero mi curiosidad pudo más que el miedo.

Me dirigí al jardín y vi como la trampa de metal se balanceaba. Pensé que quizás era alguna pequeña alimaña que despistada había caído dentro. Así que con mucho cuidado levante la tapa un poco. Me sorprendió ver a un hombrecillo minúsculo con pantalones rojos abrochados en la rodilla con un abrigo a juego y zapatos con hebillas en la parte superior. Era un leprechaun.

Corrí a tomar todos los tréboles de cuatro hojas que durante aquellos años habíamos coleccionado mi abuelo y yo. 

Presurosa volví al jardín y con mis tréboles en la mano le dije al leprechaun:

- Quiero tu oro o los tres deseos.

- ¿Y qué más? Me paso toda mi vida trabajando de zapatero para que llegue una mocosa como tú y se lleve mi dinero. De eso nada

- Pero te atrape.

- Olvídate del oro. No te voy a dar ni una moneda.

- Bueno, puedes quiero mis tres deseos.

- Tú has leído demasiadas historias. ¿Cómo voy yo a concederte tres deseos? Eso es cosa de otros seres. No es cosa mía.

- ¿Entonces? ¿qué haces?

- Zapatos. Ya te digo, simplemente soy zapatero.

- Ok, entonces quiero que me hagas unos zapatos cada año. ¡Ah! Y otros a mi abuelo.

El leprechaun dio el visto bueno a nuestro trato. Yo lo dejé ir conforme y satisfecha. Por supuesto nadie creyó mi historia. Todos pensaban que me la había inventado porque había perdido la moneda de oro de mi abuelo. Pero el día de luna llena siguiente aparecieron junto a nuestras camas dos pares de zapatos. Algo que hizo que todos me creyeran.

Desde ese día han pasado los años, pero el trato sigue en pie. Una vez al año en esa luna llena junto a mi cama aparecen un par de zapatos.


Autora: R.Plata.


agosto 03, 2022

Nathalie (Relato Corto)

 

Nathalie era especial. No porque todos lo dijeran. Ella sonreía de manera sincera.

Trabajaba en el turno de noche. Le gustaba, era tranquilo. Decía que no pasaba prácticamente nada.

Cuando volvía a casa siempre desayunaba en la cafetería del puerto que abría veinticuatro horas. Decía que le gustaba ver la luz del alba y oler a mar, le recordaba a su infancia. Nunca comentaba más que aquello. Nadie sabía a ciencia cierta de donde era. Poseía un acento que delataba su procedencia gala. Su cuerpo extremadamente delgado, que cuidaba en exceso, la hacía parecer una de aquellas modelos de las pasarelas de París.

Nathalie tenía una mirada brillante y cautivadora que te permitía soñar despierto en un mundo con ella.

A estas alturas he de confesarme. Yo estaba tan enamorado de Nathalie que cambie de ciudad solo para verla. Cambie de trabajo para ser su compañero en aquellas largas noches. Cambie mis costumbres por verla un instante más.

Nathalie se había convertido en una obsesión. Jamás en toda mi vida me había pasado algo así. Pero es que Nathalie era Nathalie.

Ella con aquel sentido de la vida simple y llano me dijo que lo nuestro era imposible.

Imposible no era la palabra que yo hubiera utilizado. Sobre todo sabiendo que mi leitmotiv en la vida es: "no hay nada imposible". Yo insistí hasta que ella cedió a pensar en mí.

Lo malo es que a partir de ahí me di cuenta de lo especial que era. Descubrí lo que escondía tras su manera de sonreír. Supe la razón de su cuerpo delgado, de su mirada hipnotizadora. Ella simplemente era un súcubo. Y por ello tuve que matarla.


Autora: R. Plata.


Juicio de anteojeras

Hace años que me canse de luchar por algo que no funcionaba. Aunque hay veces que la gente siga creyendo que el error era yo. Las bondades y...