enero 27, 2022

Fiesta (Relato Corto)

 

Marcos miró a su esposa. Ella jugaba con algo en el móvil. Él pensó en lo delgada que se había quedado para entrar en el vestido de novia. Sabía que estar tan delgada no era bueno, pero también quería que la familia dejara de rumorear que se habían casado por esperar un hijo.

Ella se sentó en la cama desde donde él la observaba. Estaba tranquilo y serio, pero feliz. Ellos no llevaban ni diez días casados, aunque el estrés de la boda les había pasado factura, todo estaba bien.

-         - ¿Sabes de que me estoy acordando? - dijo ella acomodando un mecho de pelo detrás de la oreja – de la boda de tus primos… aquellos que terminaron divorciándose aquel mismo día.

-         - Fue una fiesta brutal – dijo Mario riendo con sorna.

-          - A la policía también se lo pareció.

-         - Sí, sobre todo al local amante de la novia.

Los dos negaron con la cabeza mientras recordaban la locura de toda aquella situación.

-          - Lo cierto es que la tarta estaba buena – dijo él.

-          -Tienes unas cosas – dijo ella riendo.

-         - ¡Oye! Que al final nos la llevamos a comisaría y allí se la convidamos a los policías que arrestaron a Joaquín.

-         - Sólo para seguir con el cachondeo de la fiesta. Si os conoceré yo.

Los dos volvieron a reírse, su familia era una familia muy particular. Ellos eran buena gente, respetuosos, pero les gustaba mucho una fiesta… a veces tampoco les importaba mucho quienes las hubieran montado, ellos se apuntaban. Eso para ellos era integrarse, y conocían a todo el barrio. Lo bueno es que además los padres de Mario eran respetuosos y trabajadores.

Por su lado Laura se había criado en una familia monoparental de clase media-baja, aunque había temporadas que era de clase baja, o muy baja. Rachas… lo llamaba su madre. Ella era la mayor de cinco hermanos. Entre ella y su madre habían logrado que sus cuatro hermanos pequeños acabaran el bachillerato, todo un logro. Laura había hecho una formación de grado medio para poder trabajar pronto y ayudar en casa. Nunca se había arrepentido de ello, sobre todo al saber que le había dado más oportunidades a su familia.

Mario se había enamorado de ella por aquel espíritu luchador y lo trabajadora que era, como sus padres. Él había acabado la secundaria a duras penas, por andar tonteando con cosas de críos. Ahora se arrepentía de no haberse sacado más, aunque no pensaba en volver a estudiar.

El móvil de Laura sonó. Su suegra los invitaba a la fiesta de cumpleaños de alguien del barrio que gritaba de lejos: “¡Anda! Venirse que he hecho tortilla”. La señora Clarita era la vecina del quinto y amiga de la infancia de Rosa, la madre de Mario. Laura confirmó que llegarían en un rato.

-         - Hay que llevar algo de beber que seguro que cuando lleguemos no queda nada, como el año pasado – dijo Mario levantándose de la cama.

-         - Baja a que la Pepa y cómprale un par de cervezas y algo para los niños.

      Mario y Laura llegaron al piso de la señora Clarita, Ramón su esposo les abrió la puerta al escuchar el timbre.

-         - No hacía falta que trajerais nada, sólo con que vinierais, nos bastaba.

      Laura y Mario saludaron afectuosamente al señor para después pasar a la cocina a dejar lo que habían traído. Tras saludar a todos los invitados se unieron a la fiesta.

 

 

R. Plata.

© 2022 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

enero 20, 2022

Arce japonés

Se me cayó el corazón y el alma a los pies, sobre ellos nació un arce japonés.

Se me rompió la vida como un vitral en el día de la tormenta perfecta.

Se me olvidó respirar bajo el agua, cuando nunca supe hacerlo.

Supuse la verdad y sólo era otra mentira más.

Pero hoy superaré las mentiras y sus adversidades. Hoy pegaré mi corazón y dejaré que la costra sane.

Porque a partir de hoy sólo recordaré el arce japonés.


Autora: R. Plata.

© 2022 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.


enero 13, 2022

Cada mañana la misma historia. Escritora. (Relato Corto)

El despertador del apartamento contiguo suena. Cada mañana la misma historia. El uso del aseo es evidente, además de la mala dieta que llevaba el hombre. Tras ruidos escatológicos y agua corriendo. Tras la ducha correspondiente y el olor a café que se cuela por debajo de la puerta. 

Unos minutos después, los quehaceres de la vecina del otro lado dan por finalizadas mis horas tirada en la cama. Hoy sí, hoy me sentaré a escribir mi libro. Por fin conseguiré acabarlo y lo entregaré a una editorial. Será tan bueno, será genial. Seguro que las editoriales se pegaran por hacer una segunda parte.

El timbre de la puerta suena. Es el portero, le avisé porque no funcionaba la luz del baño, de eso hace tres días...por fin se acuerda. Tras la conversación de rigor, decide que es mejor llamar al electricista. Se marcha tras la segunda conversación protocolar.

Vuelvo a sentarme frente a mi escrito. Observo mi escrito. No me gusta. No es lo que quiero expresar realmente. Vuelvo a borrar por enésima vez el único párrafo que tengo escrito... suspiro.

Tras unos momentos de ansiedad decido desayunar. Quizás necesite un café y algo de proteínas en mi cuerpo para que mi cabeza funcione.

Voy a la cocina. Desayuno tranquilamente. Al final termino recogiendo aquí y allá. Tras horas de quehaceres necesarios, pero prorrogables, es hora de volver a comer. No solo por el almuerzo en si, sino porque seguro que mi cuerpo ha gastado los nutrientes que el desayuno me iba a aportar al cerebro y por tanto al libro.

Vuelvo a comer, pensando en lo rápido que pasan las horas.

Pienso en lo mal que llevo durmiendo estos días, agobiada por no avanzar con el libro. Decido echarme un rato en la cama. Una siesta siempre es bienvenida para que el cerebro funcione mejor. Además sólo serán veinte minutos.

Tres horas después me incorporo con dolor de cabeza. No he descansado bien. La cabeza me va a estallar. Decido tomarme una pastilla y volver a la cama. La verdad es que no hay otra.

El despertador del apartamento contiguo suena. Cada mañana la misma historia.



R. Plata.

© 2022 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

enero 06, 2022

Carta respuesta a los Reyes Magos

 

  Estimados Reyes Magos:

Os escribo porque no sé si es que ibais tarde y se os echó la hora encima. Pero es que no dejasteis nada en mi casa, sí esa casa en la que vivo hipotecada hace más de diez años. No me he mudado, ni me he ido de vacaciones.

Quizás sea que con el lió de pajes alguno le haya errado y mi carta ande en el polo norte. Lo cierto, es que hace años que no me hablo con el gordo del 24. Ya que le pedí sacarme el carnet de conducir, y sólo me envió el presupuesto de una autoescuela. Sabéis bien que yo no soy de criticar, pero el colega podría habérselo trabajado un poco más. Al menos, no sé, poner el nombre de la autoescuela, por ejemplo. Bueno, pero ustedes ya saben que este no le baja a los Donut, y el exceso de azúcar no le deja pensar.

Tenía la esperanza de que ustedes remediaran esta situación, y no sé si es que se os ha pasado. Os aseguro que este año me he portado… bueno, me he comportado. Pero es que el año pasado tuve que ir yo a comprar mi regalo de vuestra parte, y a día de hoy aún no he recibido el reembolso del precio de este. Sé que por entonces me acordé de vuestras ancestrales madres, y por ello os remito un millón de disculpas.

Sé que pasasteis por la puerta, porque las boñigas que tuve que limpiar eran vuestras. Además había dos kilos de serpentinas y ni un p. caramelo.

No me pongáis escusas. Ni digáis que no os aviso con tiempo.

Ya que este año no me habéis regalado un poroto. No os lo tengo en cuenta, pero iros preparando porque el año que viene me tenéis que traer un regalo doble. A elegir entre un coche, un sueldo para toda la vida o pagarme la hipoteca.

Gracias por vuestro tiempo y espero que todo os vaya bien en las vacaciones.

 

Un saludo.

 

R. Plata.

 

P.D.: Por favor enviadme el importe de mi regalo, que no se os pase. Gracias.



R. Plata.

© 2022 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

Juicio de anteojeras

Hace años que me canse de luchar por algo que no funcionaba. Aunque hay veces que la gente siga creyendo que el error era yo. Las bondades y...