diciembre 30, 2021

El parque (Relato Corto)

 

Aquel día de invierno hacia buena temperatura y el sol brillaba dando sus últimas horas de luz. Los niños del parque corrían de un lado a otro sin jugar exactamente a algo. Con una inocencia inconsciente subían y bajaban de estructuras en las que ponían a prueba sus equilibro, hasta que un ruido sordo lo silencio todo. Un momento que pareció haber parado el tiempo.

Luis estaba bocarriba en el suelo mirando hacia la nada, y su hermano desde arriba del columpio lo observaba asustado esperando que aquello sólo fuera una broma pesada.

Luis estaba ausente… inmóvil. El reto de los niños del parque se acercaron curioseos, el reto de los padres sólo querían alejarlos de todo aquel asunto antes de que comenzarán a preguntar.

Mario se acercó a ver qué le ocurría a su hijo, pues sólo había dejado de atenderlos durante un momento para entretenerse con un juego del móvil.

Alguien se apiado de la criatura y llamó a una ambulancia, aunque era evidente que ya no había más que hacer por él. La sirena y las luces girando sólo sirvieron para dar más dramatismo a toda aquella escena.

Una vez  los tres en el hospital Mario reaccionó y llamó a su mujer, y a su madre. Explicar lo ocurrido le costó demasiado, pues aún no entendía que era lo que había pasado. Aquella tarde, era una tarde más en el parque… y aquel era el parque más seguro de la zona; él mismo se había entretenido en investigarlo.

Cristina llego corriendo con el bolso abierto y el uniforme del trabajo. No había entendido bien que había dicho su esposo, pero el hecho de que llamará desde el hospital le pareció lo suficiente grave como para dejarlo todo y acudir al auxilio de su familia.

Borja se abrazó a su madre al verla, busco un consuelo que obtuvo al instante. Cristina sintió algo de alivio al verlo, pero su corazón se encogió al no ver al pequeño Luis. Su esposo balbuceaba algo sobre el parque y una caída. Mario negaba con la cabeza y tapaba su cara con las manos.

De repente se instaló un silencio llenó de dudas, de confusión. La abuela de los niños llegó entonces al hospital a los gritos, lo que hizo despertar de aquel estado pasmo  a los tres miembros de su familia.

La noche cerrada trajo consigo algo más que la oscuridad y el frio, trajo la consciencia del fin de Luis. Llantos, mezclados con culpas…dolor mezclado con incomprensión.

Sorpresas sin esperanza.


R. Plata.

© 2021 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

diciembre 27, 2021

Navidad

Cuando las estrellas se enredan en la instalación eléctrica. 

Cuando la noche se ilumina de ilusión. 

Cuando la esperanza es un trato honesto. 

Cuando debemos decir no y al final decimos bueno. 

Es cuando sabemos que es navidad.


R. Plata.

© 2021 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

diciembre 23, 2021

Chocan



Un par de besos mal dados.

Palabras que sólo hicieron daños.

Contra las espinas de mil rosas...chocan,

contra las rocas golpean las olas... chocan.

El marrón de la tierra que ilumina mis ojos

tiende a volverse barro

con las lágrimas del dolor.

Contra las espinas de mil rosas...chocan,

contra las rocas golpean las olas... chocan.

El olvido deseado se lleva recuerdos de enojos,

el olvido deseado cicatrices ha dejado,

en océanos de dudas y daños

nunca reparados.

Contra las espinas de mil rosas...chocan,

contra las rocas golpean las olas... chocan.

En mares encallados los barcos,

en el alma encallados lo nunca gritado.

Ahora que tejemos con anteojos,

las palabras se las llevó el viento,

pero aquí quedaron todos los enojos.

Contra las espinas de mil rosas...chocan,

contra las rocas golpean las olas... chocan.

Nadie sabe la verdad del sufrimiento,

porque nunca la dijimos,

sólo fingimos. 


R. Plata.

© 2021 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.


diciembre 16, 2021

A quien me escucha

Hice tantos castillos en el aire que me creía la reina de Saba.

Puse los puntos sobre las íes y acentué algunas palabras.

Nunca se me cayeron los anillos diciendo mi verdad.

Mareé la perdiz durante mucho tiempo.

Me asome en sus atalayas para descubrí que todo aquello era mío.

Estaba harta de poner cabezas de turco a mi culpa.

Quise pagar con la misma moneda a los que un día me hicieron daño, y al final sólo se me han devuelto calderilla.

Me arroje al vacío de una, aunque despacio, porque el que no corre vuela.

Estaba harta, me fui al carajo por la puerta grande y lancé pelillos a la mar.

Ahuequé el ala dejando atrás todo lo que no me servía.

No me gusta dar la brasa a quien me escucha.

No me fío un pelo de quien lo hacer demasiado.

Ahora desde mi atalaya me doy cuenta de que nada de lo que veo es mío, aunque está bien.

Y lo confieso muchas cosas las escribo a vuela pluma.


R. Plata.

© 2021 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.


diciembre 09, 2021

¿Qué es la vida?


La vida es como un rio, que se mueve contantemente, agua de la que formamos parte.

La vida es el aire que respiramos y que llenan nuestro cuerpo de oxígeno.

La vida es un paso adelante, junto con todos los que le siguen, son pasos tranquilos y reflexivos, tienen su propio tiempo en cada uno.  

La vida no es hacer de todo, es hacer lo necesario.

La vida es sonreír cuando te acuerdas de una tontada.

La vida es escuchar la música que te hace bailar cada día.

La vida es dar las gracias a quien nos ayuda.

La vida es ignorar a quienes nos hacen daño, pero preguntarnos ¿por qué nos duele tanto?

La vida es la obstinación en una pasión que sabes que es para ti, mientras intentas llegar a fin de mes en una sociedad ahogada.

La vida es eso que dejas ir en lugar de disfrutarla.

La vida no es el tiempo que vives, la vida es el bien que dejas cuando te vas.


Autora: R. Plata.

© 2021 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

diciembre 02, 2021

El libro (Relato Corto)

                                 

Marcos subió al autobús que Sarah le había indicado. Tardaría más de dos horas en llegar a su destino.

Él odiaba muchas cosas, pero amaba sólo una, leer. Su día perfecto era frente a un libro. Aquel día se lo hubiera pasado leyendo en el despacho de su casa, sino hubiera sido por la extraña llamada recibida. Alguien había encontrado el libro que tantos años llevaba buscando. Marcos sintió una ilusión inusual, algo que quizás cuando fue más joven sintió.

Alguien había encontrado su libro. Un libro que en su juventud ya tenía las hojas amarillas y letras impresas casi borradas. Un libro que un día había regalado a un amor perdido. 

Marcos ya tenía el pelo blanco, pero la cabeza en su sitio. Le fastidiaba la gente en general, pero sobre todo que le cedieran el asiento como a una embarazada. Era un hombre orgulloso y por mucho que le doliera la rodilla no iba a sentarse.

Aquel hombre agarrado a la barra se balanceaba, pero en su cabeza no dejaba de pensar en su libro. ¿Qué había sido de él? Se ilusionó pensando en la historia tan maravillosa que había vivido aquel libro tan antiguo.

Él conocía la historia que hacía años había llevado aquel libro a sus manos. Su padre había inmigrado a la Argentina y un vecino librero se lo había regalado antes de volver a España. Sergio se llamaba, también era español, pero a diferencia de su padre nunca volvió. Tuvo hijos, pero todos argentinos. Sergio estaba obsesionado con que aquel libro volviera a su amada tierra. Otilio, el padre de Marcos, le cumplió su deseo. Pero Marcos en vez de quedárselo se lo regalo a su primer amor, Tristán, quien adoraba leer tanto como él. Era el hijo menor del profesor del pueblo, y en aquellos tiempos las cosas naturales no lo eran tanto, la religión obligatoria y las mentalidades arcaicas provocaban que los sentimientos fueran ocultos.   

Marcos volvió a pensar en Tristán, ¿qué había sido de él? ¿y por qué su libro había acabado tan lejos de su casa y su pueblo?

El autobús quedó casi vacío y Marcos tomó asiento con dificultad. La señora del sitio de al lado intento darle conversación, pero él se hizo el sordo, aunque escuchaba perfectamente.

Cuando vio la parada una chica joven estaba esperándolo ansiosa. Marcos bajó del autobús, y al observar a aquella joven vio el gran parecido que tenía con Tristán.

Sarah, era la nieta de su amor perdido. Ella al verlo sólo pudo abrazarlo, y entre lágrimas le dio las gracias.

Marcos no entendía nada.

Los dos se sentaron juntos en una cafetería cercana. Sarah sabía que a Marcos le encantaba leer como a su abuelo, pero sobre todo lo que les gustaban eran las historias.

- Gracias - le repitió ella - mi abuelo me inculcó el amor por la lectura. Me regaló este libro cuando aún era pequeña para entender todo lo que significaba para él. Siento que mi abuelo y tú no hayan tenido la libertad que yo sí. Porque gracias a mi abuelo supe encontrar las palabras adecuadas para enfrentarme a quien soy y como soy.

Marcos sólo atinó a sonreír. Tristán y él habían sido obligados a casarse con las novias que casi les impusieron. Tristán había tenido suerte y había encontrado una compañera y amiga en su pareja. Aunque Marcos, en su momento, agradeció a dios que su novia se marchara con otro el día de su boda. Dejándolo vivir su vida entre historias y libros.

Marcos sabía que Tristán había muerto, pero jamás se le ocurrió aparecer ni por el funeral, ni por el cementerio. Prefería recordarlo antes de muerto. 

Sarah le entrego el libro. Marcos por educación le contó la historia de aquel libro y como llego a su abuelo.

Los dos se despidieron con Tristán en el recuerdo.

 


R. Plata.

© 2021 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS. 

Juicio de anteojeras

Hace años que me canse de luchar por algo que no funcionaba. Aunque hay veces que la gente siga creyendo que el error era yo. Las bondades y...