Drinfa (Relato Corto)

 

Una vez mientras vigilaba para que el fuego no se apague vi a una mujer, pero no era del clan. Ni siquiera era de ningún lugar que estuviera cerca. No era hermosa, pero desprendía belleza y amor. Andaba tranquila como si de antemano supiera que yo jamás delataría su presencia.

Al día siguiente se lo conté a mi padre. Por supuesto que no me creyó. Además atribuyó aquella imagen a que me había quedado dormido. Por lo que me castigó volviendo a vigilar el fuego aquella noche.

La volví a ver andando tranquilamente, su rostro felino me miró y sentí una calma inusual. Me levanté para preguntar de donde había salido. Pero pareció desvanecerse.  Fue cuando me di cuenta de que no era una persona, sino una drinfa. Al aire agradecí su presencia protectora.

A los pocos días volví a verla, me di cuenta que sólo se apareció frente a mí. Me acerque despacio. Deseaba tocarla, aquel impulso era más fuerte que yo. Bajo mis huellas dactilares sentí el tacto de la madera pulida. Ella me tocó a mí, sorprendida desapareció como el humo.

Mi padre me creyó enfermo y llamó al curandera devota de la diosa Eir. Yo sé lo que vi y lo vi frente a mí. De este modo se lo dije a la joven y esta me creyó.  Lo malo es que también me dijo que la próxima vez que la viera le preguntará que desea de mí.

La siguiente vez que la vi seguí las indicaciones de la curandera y por esto me encuentro hoy aquí. Intento explicar lo más simple posible que una drinfa me mandó a rescatarte. Pero tú sigues hay sentado, pasmado sin más.

Levántate y vive que tu culo no se quede pegado a la silla, que tu vida no pase sin haberla vivido. Levántate y vive.

 

R. Plata.

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