A quien me escucha
Hice tantos castillos en el aire que me creía la reina de Saba.
Puse los puntos sobre las íes y acentué algunas palabras.
Nunca se me cayeron los anillos diciendo mi verdad.
Mareé la perdiz durante mucho tiempo.
Me asome en sus atalayas para descubrí que todo aquello era mío.
Estaba harta de poner cabezas de turco a mi culpa.
Quise pagar con la misma moneda a los que un día me hicieron daño, y al final sólo se me han devuelto calderilla.
Me arroje al vacío de una, aunque despacio, porque el que no corre vuela.
Estaba harta, me fui al carajo por la puerta grande y lancé pelillos a la mar.
Ahuequé el ala dejando atrás todo lo que no me servía.
No me gusta dar la brasa a quien me escucha.
No me fío un pelo de quien lo hacer demasiado.
Ahora desde mi atalaya me doy cuenta de que nada de lo que veo es mío, aunque está bien.
Y lo confieso muchas cosas las escribo a vuela pluma.
R. Plata.
© 2021 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)
Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.
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