El libro (Relato Corto)
Él odiaba muchas cosas, pero amaba sólo una, leer. Su día perfecto era
frente a un libro. Aquel día se lo hubiera pasado leyendo en el despacho de su casa,
sino hubiera sido por la extraña llamada recibida. Alguien había encontrado el
libro que tantos años llevaba buscando. Marcos sintió una ilusión inusual, algo
que quizás cuando fue más joven sintió.
Alguien había encontrado su libro. Un libro que en su juventud ya tenía las
hojas amarillas y letras impresas casi borradas. Un libro que un día había
regalado a un amor perdido.
Marcos ya tenía el pelo blanco, pero la cabeza en su sitio. Le fastidiaba la gente en general, pero sobre todo que le cedieran el asiento como a una embarazada. Era un hombre orgulloso y por mucho que le doliera la rodilla no iba a sentarse.
Aquel hombre agarrado a la barra se balanceaba, pero en su cabeza no dejaba
de pensar en su libro. ¿Qué había sido de él? Se ilusionó pensando en la
historia tan maravillosa que había vivido aquel libro tan antiguo.
Él conocía la historia que hacía años había llevado aquel libro a sus
manos. Su padre había inmigrado a la Argentina y un vecino librero se lo había
regalado antes de volver a España. Sergio se llamaba, también era español, pero
a diferencia de su padre nunca volvió. Tuvo hijos, pero todos argentinos.
Sergio estaba obsesionado con que aquel libro volviera a su amada tierra.
Otilio, el padre de Marcos, le cumplió su deseo. Pero Marcos en vez de
quedárselo se lo regalo a su primer amor, Tristán, quien adoraba leer tanto
como él. Era el hijo menor del profesor del pueblo, y en aquellos tiempos las
cosas naturales no lo eran tanto, la religión obligatoria y las mentalidades arcaicas
provocaban que los sentimientos fueran ocultos.
Marcos volvió a pensar en Tristán, ¿qué había sido de él? ¿y por qué su
libro había acabado tan lejos de su casa y su pueblo?
El autobús quedó casi vacío y Marcos tomó asiento con dificultad. La señora del sitio de al lado intento darle conversación, pero él se hizo el sordo, aunque escuchaba perfectamente.
Cuando vio la parada una chica joven estaba esperándolo ansiosa. Marcos
bajó del autobús, y al observar a aquella joven vio el gran parecido que tenía
con Tristán.
Sarah, era la nieta de su amor perdido. Ella al verlo sólo pudo abrazarlo,
y entre lágrimas le dio las gracias.
Marcos no entendía nada.
Los dos se sentaron juntos en una cafetería cercana. Sarah sabía que a
Marcos le encantaba leer como a su abuelo, pero sobre todo lo que les gustaban
eran las historias.
- Gracias - le repitió ella - mi abuelo me inculcó el amor por la lectura.
Me regaló este libro cuando aún era pequeña para entender todo lo que
significaba para él. Siento que mi abuelo y tú no hayan tenido la libertad que
yo sí. Porque gracias a mi abuelo supe encontrar las palabras adecuadas para
enfrentarme a quien soy y como soy.
Marcos sólo atinó a sonreír. Tristán y él habían sido obligados a casarse
con las novias que casi les impusieron. Tristán había tenido suerte y había
encontrado una compañera y amiga en su pareja. Aunque Marcos, en su momento,
agradeció a dios que su novia se marchara con otro el día de su boda. Dejándolo
vivir su vida entre historias y libros.
Marcos sabía que Tristán había muerto, pero jamás se le ocurrió aparecer ni
por el funeral, ni por el cementerio. Prefería recordarlo antes de
muerto.
Sarah le entrego el libro. Marcos por educación le contó la historia de
aquel libro y como llego a su abuelo.
Los dos se despidieron con Tristán en el recuerdo.
R. Plata.
© 2021 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)
Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

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