Fiesta (Relato Corto)

 

Marcos miró a su esposa. Ella jugaba con algo en el móvil. Él pensó en lo delgada que se había quedado para entrar en el vestido de novia. Sabía que estar tan delgada no era bueno, pero también quería que la familia dejara de rumorear que se habían casado por esperar un hijo.

Ella se sentó en la cama desde donde él la observaba. Estaba tranquilo y serio, pero feliz. Ellos no llevaban ni diez días casados, aunque el estrés de la boda les había pasado factura, todo estaba bien.

-         - ¿Sabes de que me estoy acordando? - dijo ella acomodando un mecho de pelo detrás de la oreja – de la boda de tus primos… aquellos que terminaron divorciándose aquel mismo día.

-         - Fue una fiesta brutal – dijo Mario riendo con sorna.

-          - A la policía también se lo pareció.

-         - Sí, sobre todo al local amante de la novia.

Los dos negaron con la cabeza mientras recordaban la locura de toda aquella situación.

-          - Lo cierto es que la tarta estaba buena – dijo él.

-          -Tienes unas cosas – dijo ella riendo.

-         - ¡Oye! Que al final nos la llevamos a comisaría y allí se la convidamos a los policías que arrestaron a Joaquín.

-         - Sólo para seguir con el cachondeo de la fiesta. Si os conoceré yo.

Los dos volvieron a reírse, su familia era una familia muy particular. Ellos eran buena gente, respetuosos, pero les gustaba mucho una fiesta… a veces tampoco les importaba mucho quienes las hubieran montado, ellos se apuntaban. Eso para ellos era integrarse, y conocían a todo el barrio. Lo bueno es que además los padres de Mario eran respetuosos y trabajadores.

Por su lado Laura se había criado en una familia monoparental de clase media-baja, aunque había temporadas que era de clase baja, o muy baja. Rachas… lo llamaba su madre. Ella era la mayor de cinco hermanos. Entre ella y su madre habían logrado que sus cuatro hermanos pequeños acabaran el bachillerato, todo un logro. Laura había hecho una formación de grado medio para poder trabajar pronto y ayudar en casa. Nunca se había arrepentido de ello, sobre todo al saber que le había dado más oportunidades a su familia.

Mario se había enamorado de ella por aquel espíritu luchador y lo trabajadora que era, como sus padres. Él había acabado la secundaria a duras penas, por andar tonteando con cosas de críos. Ahora se arrepentía de no haberse sacado más, aunque no pensaba en volver a estudiar.

El móvil de Laura sonó. Su suegra los invitaba a la fiesta de cumpleaños de alguien del barrio que gritaba de lejos: “¡Anda! Venirse que he hecho tortilla”. La señora Clarita era la vecina del quinto y amiga de la infancia de Rosa, la madre de Mario. Laura confirmó que llegarían en un rato.

-         - Hay que llevar algo de beber que seguro que cuando lleguemos no queda nada, como el año pasado – dijo Mario levantándose de la cama.

-         - Baja a que la Pepa y cómprale un par de cervezas y algo para los niños.

      Mario y Laura llegaron al piso de la señora Clarita, Ramón su esposo les abrió la puerta al escuchar el timbre.

-         - No hacía falta que trajerais nada, sólo con que vinierais, nos bastaba.

      Laura y Mario saludaron afectuosamente al señor para después pasar a la cocina a dejar lo que habían traído. Tras saludar a todos los invitados se unieron a la fiesta.

 

 

R. Plata.

© 2022 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

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