Arrepentirse

Puede que no sea la hora de arrepentirse. Puede que sea la hora de mirar atrás para poder coger impulso. Hay tantas cosas que al final he tenido que dejar atrás por mi bien. A veces las añoró, hasta que me acuerdo del mal que me han hecho.

Muchos me dicen que no tengo edad para seguir soñando. Pero es que mis sueños, mis deseos y mis ilusiones son lo que me hacen seguir adelante. No entienden que gracias a soñar los días duros han sido menos duros. Era como si una mano invisible me animará a seguir adelante, como si esa mano me levantara al caerme.

A veces me parecía como si mi familia no estuviera ahí. Cuando vivía por ellos me sentía incomprendida y guardaba silencio ante lo estúpido de sus respuestas. Sé que eran edades difíciles y personas básicas. Pero no suelo hacer mucho caso. El tiempo puso a cada uno en su lugar. Y eso está bien.

Me sentí sola. No sólo por mirar a la muerte de cerca. No por fallecer un poco con cada ser querido que se va.

Me sentí sola, porque había demasiada gente sorda, demasiada gente ciega, demasiada gente incomprendida.

Comprendí que mi sentido de la vida estaría en otro lugar.

Comprendí que aquella gente no me daría lo que buscaba.

Comprendí que mirar un cristal no era la respuesta.

Comprendí que no podía culpar de todo a los demás.

Comprendí que tenía que vivir mi propia vida.

Puede que sea la hora de arrepentirse. Pero sólo por haber perdido mi tiempo, cuando sabía la verdad.

Puede que sea la hora de arrepentirse. Pero sólo me arrepiento de haber dado pie a que no me dejaran vivir mi propia vida.


El tiempo me dio la oportunidad y yo la tome.

Ahora es hora de soltar y vivir en paz.


Autora: R. Plata.

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