La espesa niebla (Relato Corto)
Una espesa niebla amarillenta cubría aquella noche toda la ciudad. La tenue luz que desprendían las farolas bañaba las calles. Poca gente era la que se atrevía a cruzarla andando. Además el frío reinante invitaba a que todos se mantuvieran en casa a resguardo.
Kit tenía que llegar a aquella
reunión, la llevaba esperando demasiado tiempo y no iba a posponerla por
culpa de la climatología. Cruzó el
puente de piedra prácticamente a solas. Algunas personas se cruzaron con él con
la cabeza enterrada por la bufanda y el gorro, a aquellas horas simple era
mejor ir a la tuya, sin siquiera levantar la cabeza, otras eran simples sombras
oscuras a lo lejos.
Kit
entró en un pub, el olor a tabaco y orín se mezclaban en el ambiente. Saludó al
propietario que estaba tras la barra. Se sentó en uno de los incómodos
taburetes de la barra y pidió una cerveza.
El
propietario lo miró desconfiado era la primera vez que lo veía y su aspecto
denotaba que aquel individuo no era de la ciudad.
- - ¿Todo bien? – le preguntó el
hombre al poner la cerveza sobre la barra.
- -Sí, claro – dijo tomando un
sorbo.
Kit
se estaba poniendo nervioso pues su cita aún no había llegado y eso no era
normal en ella.
Más
de una hora y media después Maia entró por la puerta del pub y al divisar a Kit
le pasó la mano por la espalda. Él se giró con semblante serio e intento
ponerse en pie. Ella sonrió al verlo evidentemente embriagado.
Los
dos se apartaron y se sentaron en un lugar más reservado.
- -Siempre me ha gustado tu
habilidad para pasar desapercibido. Me parece bien que te adaptes a los
ambientes.
- -OK, si tanto te gusta la
próxima vez podríamos quedar en un prostíbulo.
- -Un respeto que soy tu superior.
- -No por mucho tiempo como
sigamos así.
Maia
pidió una cerveza al propietario detrás de la barra.
- -Señorita, este no es lugar para
mujeres – dijo el hombre negándose a atenderle.
- -Por favor, ponle a mi novia una
cerveza - dijo Kit intentando ser amable.
El
hombre puso la cerveza sobre la barra. Kit se levantó, pagó las consumiciones y
dejó una propina. El propietario lo miró receloso, pero tomó todo el dinero
ofrecido. Mientras guardaba el dinero en la caja registradora la puerta se
abro, pero no entró nadie. Maia se puso en pie y se acercó a Kit que estaba
acercándose desde la barra. Ella se tomó la cerveza de sus manos y la bebió de
un trago.
El
propietario escucho el golpe del vaso con la barra, pero no vio salir a la
pareja. Fue a limpiar la mesa que habían utilizado y observo que se habían
dejado un zurrón de piel.
La
explosión se pudo escuchar a varios kilómetros a la redonda y no sólo afectó al
pub, sino también a cinco casas de alrededor. La noticia corrió como reguero de
pólvora, pero nadie encontró jamás a los culpables.
Autora: R. Plata.

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