Fantasma

Fantasma


Cuando las cosas mueren, las cosas se pudren.

Cuando los sentimientos mueren, los sentimientos desaparecen.

Es básico decir adiós, pero un adiós de verdad se dice desde lo más hondo de ti.

Cuando se dice adiós es desde el vacío, desde la nada, porque nada ha de quedar.

El fantasma en el armario se aferrar a lo que ya debió desaparecer.

Tú no eres un fantasma para mí.


De las cosas que se dijeron, ya olvide la mitad.

Porque mis heridas no se produjeron por sentimientos verdaderos.

Los sentimientos que surgieron fueron más el deseo de amar que el amar de verdad.

De las disputas sólo quedan silencio y palabras olvidadas.

Silencios que son palabras necias y dañinas.

Palabras olvidadas, porque si se recordaran no mirarías jamás hacia atrás.

Tú no eres un fantasma para mí.


Simplemente eres otra cicatriz de la que ya aprendí, una cicatriz operada con láser.

En mi guardarropa no hay fantasmas que esconder, pues de ellos siempre digo la verdad.

En mi placar no hay fantasmas, pues lo limpie en profundidad.

En mi ropero sólo hay ropa y zapatos que suelo utilizar.


Hay fantasmas que nunca te dejan ir, cuando lo que construimos se derrumbó.

Hay fantasmas que nunca te dejan ir, cuando lo que construimos se lo llevo el viento.

Hay fantasmas que nunca te dejan ir, cuando lo que construimos se lo llevo el tiempo.

Hay fantasmas que nunca te dejan ir, cuando tú ya no eres ni la misma persona.


De esa relación no queda más que un vago recuerdo.

En esa relación jamás hubo fuego.

De esa relación ya todos los lazos se rompieron.

De esa relación sólo quedo algo parecido al compost.

De esa relación hace tiempo que recogí mis residuos.

Así que te debe de ya quedar claro que tú jamás fuiste un fantasma para mí.



R. Plata.


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