Lucía (Relato Corto)

 

Quise marcharme tantas veces que cuando me fui se me olvidaron muchas cosas buenas. Al echar la vista atrás recuerdo a Lucia y su preciosa sonrisa. Pero ella, ya no está… y nunca volverá a estar. Nuestro Dios se la llevo con Él. Seguro que allí está sonriendo…olvidando los besos que un día nos dimos, esos besos inocentes de un par de niños. Si me hubiera quedado sé que ella no hubiera sido feliz.

Recuerdo la estación de autobuses y mi promesa de volver cuando acabase aquel verano. Recuerdo como avergonzado decidí tomar el camino que hoy me ha llevado a volver a recordar a Lucia.

Ella tenía un peculiar modo de ver las cosas, ella era la que alentaba mis ánimos a vivir fuera del pueblo, sin yo darme cuenta de que ella era la que realmente quería irse de allí. 

A los dos años mi madre me dijo que estaba embarazada del hijo de Tomás, el pescadero, Sebastián era un don nadie… quizás un don nadie como lo fui yo. El muy canalla la dejó con niño y todo… un niño igual a él. Pero que puedo reprochar yo que fui el primero en abandonarla. No sé si Lucia lloraría alguna vez por mí, o me odiaría por haberla dejado allí. No sé si ella también quiso huir, pero ella sola con un niño ¿dónde iría?

Lucia crio un buen hombre ella sola, con la vergüenza de ser señalada, con el dolor de ser abandonada por todos, excepto por su hermana Clotilde. ¿Cómo pueden ser tan mezquinos? ¿Cómo pueden dejar a una pobre chica a su suerte por un error? ¿Cómo pueden no darse cuenta?

Hace algunos años volvía al pueblo para ver que había sido de ellos, para ver a algunos conocidos. Pero el pueblo era otro… la gente era otra. Las puertas antes siempre abiertas, ahora tienen siete candados. Muchos de los nietos se marcharon a la capital donde vivo. Otro muchos de los nietos se marcharon al extranjero, con pocas ideas de volver a vivir donde nadie vive.

Al pisar la estación de autobuses, reformada, recordé a Lucia, pero ella ya no estaba. Cuando recorrí las calles sólo escuché el eco de mi bastón. Había nacido y crecido allí, pero había vivido más tiempo fuera.

Miré a mí alrededor y sólo veía caras extrañas. Me senté en el parque que antes era el huerto del Olivero. Allí la gente mayor no me reconocieron… yo callé… escuche algún cotilleo, pero me levante y camine por la calle donde vivía el pescadero. Me acordé de Lucía… hermosa Lucia.

Recuerdo el primer beso que Lucia me dio, bajo la encina de la plaza Mayor. Recuerdo su mano apretando la mía. Recuerdo el miedo que me daba tocarla, pero lo que nunca olvidaré es su sabor.

Lucia fue mi primer amor, al que olvide al marcharme, al que nunca le dije adiós.


Autora: R.Plata


Comentarios

Entradas populares de este blog

Camisas

Arce japonés