Quise ir a leer a la playa (Relato Corto)
Yo soy de ciudad, de ríos de asfalto y gente con estrés. Pero un día tuve un problema y acabe a más de mil kilómetros. Antes nunca me había planteado mudarme tan lejos de todo y de todos. Ahora he de confesar que no podría estar en otro sitio.
Ahora leo más, y no porque me guste especialmente, sino porque la televisión en este país no es especialmente buena. Además eso de la fibra óptima es como hablar de la nueva venida, unos no saben lo que es y otros pasan del asunto.
Así que ahora tengo una cantidad de libros que voy renovando en cada feria del libro. Gracias a estar tan cerca del mar la diferencia de temperatura no es tan abrupta como en la ciudad.
En este pueblo vivo una casita pequeña y antigua que hace mucho perteneció a un pescador. No hay muchas viviendas cercanas, en invierno sé que hay un vecino a dos o tres kilómetros. Lo sé porque es el que me trae las provisiones cada mes, o mes y medio.
Muchos al leer esto pensaréis que nunca os iríais a vivir a un lugar como este, estando en una ciudad tan cerca de todo. Yo también pensaba lo mismo. Pero al final tú no eres quien dicta realmente tu vida, lo hacen los demás.
Podría decirse que yo me aleje de la ciudad por una persona, pero mentiría. Pues esa persona ya no está junto a mí, por mi culpa. Quizás suene típico y tópico eso de enamorarse de quien uno no debe. Pero a diferencia de otras personas yo no me arrepiento de nada. Lo amo tanto que hago todo lo que él dice. Excepto una cosa, que es la que me tiene viviendo tan lejos de todo.
Muchos estaréis pensando en mi familia, o en la suya. Me di cuenta de si quería a mi familia debía de alejarme de ellos. A ellos no les costó tanto dejarme ir. Algo que por otro lado, sí me dolió. Sobre su familia mejor no saber más de lo necesario, ya que son gente demasiado poderosa y desequilibrada.
Su familia, a diferencia de la mía, tiene una serie de normas y leyes inamovibles. Algo que a Lycaon nunca se le ocurrió comentar mientras salíamos. Él era una persona tan buena, considerada y amable. El tiempo mostró que era sólo un enorme esfuerzo por compensar lo que en el fondo era. Lycaon se esforzaba en demasía, y conmigo se desvivía. Él no tenía amigos, algo que no me parecía raro y mucho menos con una familia como la suya.
Al principio era como cualquier otra persona. Yo estaba deseando callar la boca a mi madre y a otros familiares, cuando me preguntaban por un novio, o alguna relación. Después me enamoré de Lycaon, de su manera de agasajarme. No sólo con regalos, sino también con experiencias. A él no le gustaba hablar, pero cuando hablaba se explicaba perfectamente.
Cuando la relación parecía ser ideal. Él conoció a mi familia y yo fui presentada a la suya. A su madre no le gustaba que su hijo saliera conmigo. Algo que manifestaba siempre que podía.
Mi error fue pensar que la opinión de su familia tampoco era tan importante. Seguimos la relación con ese pequeño escollo. El tiempo pasaba la relación no avanzaba a ningún sitio. Decidí quedarme embarazada para forzar las cosas. Cuando Lycaon se enteró quiso morir. Él entró en estado de pánico, jamás lo había visto así.
Sé que antes de pensar embarazarme debería de haberle comentado a él. Pero nunca pensé que fuera el problema que era.
Un día Lycaon se sentó frente a mí. Nunca olvidaré su cara.
- No sabes lo que has hecho. Nunca pensé que fueras tan mala persona.
En aquel momento sentí que la sangre se me helaba. Por mi cara corrieron lágrimas caliente que me parecieron desgarrar mi rostro.
- Mi familia, y por supuesto yo, somos licántropos. Tener un bebé no es algo que hagamos porque sí. Tienes que ser consciente de en lo que te estás metiendo.
Vale, su familia está como toda loca, más loca que todo un manicomio. Licántropos. Sí, le seguí el juego y ahora estoy en la cabaña hasta que tenga el bebé. Pero en cuanto pueda voy a contactar con un psiquiatra. Seguro que Lycaon se pondrá bien.
R. Plata.
© 2022 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)
Foto gracias a Pixabay.
Foto modificada por R.Plata.
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