Maldita perra.
Toco mi camisa mojada por tu sangre y mi sudor.
Te miro tumbada… inerte.
No puedo más que reír.
Ya no vas a tener la última palabra.
Maldita perra, yo sólo era una de tus pulgas.
Ahora mírame, je.
Observa las manchas.
No te mueves. Ya no me rechazas.
Maldita perra, ya no gritas.
Tendría que acomodarte un poco.
Es evidente lo que acabamos de hacer.
Quizás muchos más evidente lo que yo he hecho.
Mis manos se manchan aún más.
Maldita perra, ya no me vas a joder más.
R. Plata.
© 2022 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)
Foto gracias a: PIXABAY
Comentarios
Publicar un comentario