Luca (Relato Corto)


En el desván de la gran mansión había guardado tantos espejos que Luca jamás pudo averiguar cuántos había en realidad. Todos estaban cubiertos con telas para cubrirlos de la luz. Algo que a Luca le parecía absurdo ya que un espero era para mirarse. 

Desde que el tenía memoria su familia los tenía guardados en aquella habitación inhóspita en la parte más alta de la vivienda. El desván era una habitación cerrada con varias vueltas de llave y un candado extra por la parte exterior.

Luca sólo había podido ojeas por el ojo de la cerradura, pero jamás había podido entrar en aquel polvoriento lugar de la casa. Lo de que fueran espejos lo supo porque su abuelo Matías lo había dicho en medio de una de las constantes regañeras que se llevaba al acercarse a aquella zona de la mansión. 

Cuando la abuela Matilde murió, la madre de Luca no recordaba la razón por la cual aquella puerta estaba tan cerrada. Ella no estaba muy segura de que lo que contaba su padre no fuera la señal de un severo trastorno de la vejez y la superstición. Así que cuando se vio en la situación de tener que volver a casa de sus padres, ella no le dio demasiada importancia a aquel desván, ni a los espejos y mucho menos a las historias absurdas de un viejo.

Luca durante el tiempo que sus padre habían estado casados, sólo visitaba a sus abuelos y aquella casa un par de veces al año, pues estaba retirada de todo y de todos. El hecho de que sus padres se divorciaran lo vio más como un castigo hacia él, que por la verdadera razón por la que aquel matrimonio se separó. Al principio Luca vivía con su padre, pero al llegar las vacaciones él lo pasó en casa de sus abuelos. 

Así que el día que Luca se quedó sólo no iba a perder la oportunidad de ver lo que realmente la familia escondía en el desván. Las llaves de las puertas estaban a su alcance en un llavero junto a la despensa. 

Una ver tuvo las llaves en su poder subió las escaleras y cruzó el pasillo como una exhalación. La puerta se resistió al principio, pero Luca no iba a echarse atrás por unas bisagras oxidadas. Una vez dentro del habitáculo el olor a humedad y cerrado le invadía el sentido del olfato. 

La claridad que entraba por el tragaluz iluminó las siluetas de aquellos objetos. Luca levantó una de las telas y dejo ver un enorme espejo con su marco de madera bien esculpida. 

Luca miró a la lámina que había delante de él. Había algo extraño en aquel espejo. Se fijó bien... ¿Dónde estaba su reflejo?... Luca sintió un escalofrió que le recorrió todo su cuerpo, al darse cuenta de que  la habitación estaba ahí al completo, pero él no aparecía. Quizá fuera algún tipo de efecto óptico, o quizás fuera sólo un sueño, pero no fue entonces cuando se abrió la puerta del reflejo y Luca pudo observar como un ser igual que él se acercaba tranquilo, sonrió al verlo y le dijo deberías de haber escuchado las historias de tus abuelos con un poco más de atención.




R. Plata.

© 2022 Rebeca Plata (Mi alma en la pluma)

Foto gracias a: PIXABAY


Comentarios

Entradas populares de este blog

Camisas

Arce japonés