Blanca (Relato corto)
Blanca volvió a casa desde el instituto. Sólo quería llorar y gritar, pero decidió callarse. Sabía que su familia ya tenía suficiente con los problemas económicos y la enfermedad de la abuela.
Blanca había visto como en cuestión de días en su instituto había pasado de ser invisible a la señalada. La razón no la tenía clara, quizás no era una sola. Ella nunca había sido muy echada para adelante, y como sabía que no estaba bien dar malas respuesta prefería callarse.
Blanca había llegado a pensar que aquella situación era sólo culpa de ella. Porque ella no era muy inteligente, había muchas cosas que ella no sabía y por mucho que el profesor las repitiera seguía sin entenderlas. Al final sus compañeros se rieron de ella, así que por mucho que no entendiera nada, ni se le ocurriría levantar la mano.
Además había comenzado a sentir algo por David, el chico más popular de la clase, pero este no le hacía ni caso. Paula que la había visto mirarlo había destacado aquel hecho gritándolo en plena clase.
Las burlas de los miembros de la clase comenzaron a salirse de tono. Algo en lo que los profesores no se metieron.
Blanca se pasaba el día enojada, algo que sus padres le reprochaban a diario. Ella intentaba olvidar lo que le ocurría en clase, así que no hablaba del instituto en casa. Si por casualidad le preguntaban siempre tenía la misma respuesta comodín: “todo bien”.
Sus padres enfrascados en sus propios problemas y rutinas no prestaron atención a su solitaria hija. Ellos nunca le habían exigido ninguna nota mínima en el colegio, ahora que había pasado al instituto no iban a empezar.
Blanca entró en su habitación en el único lugar que el silencio era total. Ya no quería salir de casa para no encontrarse con nadie de su clase. Y mucho menos meterse en internet o tener un móvil. Blanca quería volar lejos, irse a otro mundo, un mundo en el que todos sus compañeros sólo fueran motas de polvo insignificantes.
Blanca incluso estaba pensado en acabar con su vida. Había querido morir tantas veces mientras estaba en clase. Pero, se dio cuenta que así quienes sufrirían serian sus padre y su abuela, a quien ella quería mucho. Eliminó todas sus redes sociales, sólo entraría lo estrictamente necesario o bajo un alias que sólo sus padres conocieran. Fue entonces cuando nació Laida.
Blanca no estaba dispuesta a darles a sus compañeros más oportunidades de insultarla.
Blanca comenzó a plantear su vida de otro modo, porque ya no era Blanca era Laida. Y Laida era una persona responsable e independiente, a quien no le importaba lo que los demás dijeran. Pero, sólo con eso Laida no era nadie ¿qué quería Blanca para Laida?
Blanca buscó hobbies que no requirieran de un gasto económico extra y que a ella realmente le gustaran. Lo cierto es que no los encontró.
Lo que le quedó claro a Blanca era que para que Laida fuera real necesitaba dinero. Ni por un segundo a ella se le ocurriría cogerlo prestado de nadie, porque por mucho que lo disfrazará eso era robo. Laida sería una chica inteligente y no tendría miedo ante los demás. Tras pesarlo se dio cuenta que lo que necesitaba era salir de aquel instituto. Habló con sus padres sobre lo que le pasaba y sus padres no le dieron una solución. O al menos no la solución que ella quería.
– Debes de acabar el instituto – le dijo su padre – sino no te harán caso en ningún sitio por analfabeta. Casi no sabes ni leer y escribes regular.
Los padres de Blanca no se dieron cuenta que diciéndole aquello la destruyeron un poco más.
Blanca entonces pensó: “si tengo que pasar mis días en ese instituto, he de pasar la menor cantidad posible”. Así que sin ganas y con un creciente rechazo a sus padres comenzó a estudiar. Pero claro, no entendía nada. Se sintió más estúpida aún por creer que de la noche a la mañana iba a sacarse el instituto.
Entonces su abuela Otilia quiso hablar con ella y le dijo:
– Nadie nacimos sabiéndolo todo. Si tú de veras quieres ser Laida has de tener clara una cosa, Blanca jamás desaparecerá, solo cambiará. Hay cientos de personas que te ayudaran en la vida y otras cientos que sólo querrán pisarte la cabeza. Sólo has de rodearte de quienes quieran ayudarte. Habla con tus maestros y pregúntales como sacar mejores notas. Pero no lo hagas delante de esos estúpidos que tienes por compañeros- la señora se quedó un rato pensando- Además no está eso del internet, busca cosas del colegio y estudia de ahí.
Blanca se acercó a la ludoteca pública donde sólo iban niños más pequeños que ella. Allí conoció a Cristina, a quien le contó que no sabía bien leer ni escribir, que sus padres no podían ayudarla porque tampoco eran muy duchos en el tema y no tenían tiempo.
Cristina se apiado de la chica y sacó unos libros ilustrados. Marta su compañera al verlas preguntó, por la edad de Blanca. Cristina explicó la situación. Marta era una persona de orígenes muy humildes, más de lo que se atrevía a confesar. Así que se tomó a pecho aquello de ayudar a Blanca.
Blanca odiaba el instituto y odiaba a sus compañeros. Pero les dejo de dar importancia. Si se pasaban de la raya, no bajaba la cabeza, se acercaba a un profesor y le comentaba lo que ocurría. No le importaba que le dijeran chivata, ya le gritaban e insultaban con cosas peores.
Blanca no iba a enfrentar a sus compañeros, no tenía fuerzas para eso. Sus fuerzas estaban puestas es aprender a leer y escribir mejor.
Cristina era paciente con ella y Blanca estaba tan interesada que no faltaba ni un día. Algo que a las dos mujeres de la ludoteca les pareció encomiable.
Un día Marta sorprendió a Blanca:
– A partir de mañana vendré una hora antes y te ayudaré con las asignaturas del instituto. Así leerás nuevas palabras y conocimientos que vas a necesitar para sacarte el curso.
Blanca no sé podía creer que alguien que casi no la conocía quisiera ayudarla de verdad. Blanca se sintió confiada en contarle sobre Laida. A Marta le pareció interesante y decidió ayudarla con aquello. Blanca entonces aprendió una nueva palabra: “álter ego”.
Marta hablo con Blanca sobre Laida. Ella tenía que tener claro que su única característica no podía ser que no le afectaba lo que los demás dijesen. Porque entonces le estaba dando el poder a otros sobre Laida.
La verdad es que Marta no era de ayudar a nadie, o al menos a nadie que ella no pensara que se mereciera su tiempo. Pero con Blanca era diferente, la vio desesperada. Además lo que hacían sus compañeros le parecía un abuso total, por mucho que a ellos les pareciera coña.
Blanca comenzó un día a escribir cartas a Laida, quien respondía sarcásticamente sobre sus compañeros. Blanca de ese modo se desahogaba. Además se propuso no tratar mal a ninguno de los miembros de su familia, ya que sabía que ellos no tenían culpa de la crueldad de sus compañeros.
Blanca no vio los resultados de su arduo trabajo hasta que no pasaron unos meses. Sus notas trimestrales habían mejorado, no eran las mejores del mundo, ni siquiera había aprobado las material que más le costaban, pero ella se sintió feliz por aquel paso adelante.
Gracias a Cristina, Marta, su familia y algunos profesores, la chica pudo llevar a término su primer año de instituto, aunque tuvo que repetir curso. Aquel verano no dejó de estudiar. Necesitaba tener al menos los conocimientos básicos para superar el primer curso. Blanca comprendió que no es que fuera tonta es que nunca había comprendido realmente lo que sus profesores le explicaban. Entonces no sabía de que hablaban estos cuando pasaban al tema siguiente, lo que hacía un efecto bola de nieve difícil de remediar. Cristina y Marta ayudaron a la chica durante todo el verano. Lo que la ayudo a tomar confianza.
A Blanca se le hizo corto el verano y el primer día de clase se sentó cerca del profesor. La gran mayoría de sus compañeros eran nuevos. De repente escuchó uno de los insultos que solían decirle. Sin darse cuenta Laida respondió mordazmente. Esto dejó en silencio a toda la sala.
Blanca no volvió a escuchar ni un solo insulto más en lo que le quedó de cursar el instituto.
Autora: R. Plata.
© 2021 Rebeca Plata (Deshilando mi alma en la pluma)
Foto gracias a: PIXABAY y PEXELS.

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